¡¿Quién soy yo para juzgar a vivos o muertos?!
Cuando las palabras se vuelven aire y el corazón se encoge ante la horrible sensación de soledad. Cuando el destino deja de estar en nuestras manos y las ideas se acumulan sin salida en nuestro cerebro. Cuando todo arde y no somos capaces de apagar el fuego. Es entonces, cuando nuestra mente se disgrega, alterando la razón. Endurecido en mil batallas. En mil enojos, en mil sátiras, en mil desprecios. Aún siento el dolor ajeno. Aún siento la dureza de la vida en otras manos, en otros ojos. ¿Y todo para qué?; ¿Para seguir sufriendo? Maldades que me recuerdan a la experiencia propia. Gestos, renuncias... desarraigos, tormento, desesperación. Recuerdo mi poema y oda a la injusticia. Mi derrama al sortilegio de la vida, que siempre pide sangre. Sangre sin nombre, sin rostro. Alimento de las bestias, sin razón en los enojos. Sangre que circula por las venas de aquellos que andan solos....