Cuatro años

 Mirando Instagram; he descubierto a un hombre que lee las líneas de la mano. Lo único que he sacado en claro antes de mandarlo al olvido es; que he pasado por demasiadas vidas, y que estoy aquí, para culminar mi aprendizaje.  

Bueno... nada que me saque de dudas.  

Llevo cuatro años aquí. Se dice pronto...llevo: ¡¡¡Cuatro años aquí!!!  

La sensación, es la de tener la mente más tranquila. La de haber conseguido limpiarme de buena parte de la toxicidad vivida durante más de veinte años. Y de cierta forma; estar un poquito más asentado emocionalmente.  

Imagino que serán las tres fases del duelo.  Negación, ira y aceptación. La depresión puede calar en cualquiera de las tres fases mencionadas. Imagino que es el modo estándar con el que explicar un comportamiento. Y entre medias, se dispersarán otras muchas sensaciones.   

En la actualidad, sigo queriendo tener la opción de tener una muerte digna. Así que me temo, que la aceptación: aún no ha llegado. Tampoco es algo que me extrañe. Nunca he sido una persona que se acomode del todo a la aceptación.   

Eso sí: durante años, he tenido que pasar por el aro demasiadas veces, pisando con ello mis principios, con la intención de no provocar mayores tragedias. Es lo que sucede cuando dejas que tu vida esté en manos de otros, sobre todo: económicamente.  

La película que me contaron mis padres gracias al régimen establecido, o a las series y películas de antena 3 o tele 5... No tienen que ver nada con la realidad. Los amores verdaderos son como acertar los números de la primitiva. El buen sexo: es imposible encontrarlo en la primera persona con la que te acuestes.  Y esa macabra virginidad que nos condena a aguardar ese encuentro hasta que llegue la persona adecuada. No deja de ser una pérdida de tiempo, para quitarte un tabú que solo está en tu cabeza.  

Las relaciones se rigen mayoritariamente por intereses. Se rigen en la creencia, de que la otra persona, acepte sí o sí tus criterios, sin importarte los suyos. Se rige en la creencia, de que esa persona va a facilitarte la vida. Se rige en la creencia, de que esa persona te va a poner en la misma posición en la que se encuentra el rebaño. Ya, que durante toda nuestra vida, nos han ido dirigiendo a unos estereotipos impuestos por el régimen, en donde afirmaban que si no cumplías con lo establecido, no serías feliz.  

Lamentablemente, cumplir con ese concepto establecido que nos habían vendido como familia feliz.... tampoco consiguió que lo fuéramos.  

Todo lo contrario. Vivir en una relación movida por intereses, nos acomodó en el fracaso, convirtiendo nuestra vida en un martirio.  

Imaginar la vida de mis padres en donde el divorcio era tabú. En donde tenías que aguantar lo inaguantable. En donde tu futuro consistía en repetir hasta el día de tu muerte, una rutina que se hacía insoportable... hacía que terminaras muriéndote en vida.   

Como comenté en la anterior entrada. Nuestros padres terminaron locos. No una locura que se pudiera ver a simple vista, una locura interior que corroía lo inimaginable.  

Se supone que estoy hablando a un joven (Es indiferente el sexo. Lamentablemente nos acostumbraron a escribir y a hablar en masculino, y esto es un sinónimo de decadencia, ya que sugiere que el masculino es el principal valedor al tiempo que menospreciamos al sexo opuesto, o a aquellos sexos que no encajan con lo establecido, según los criterios de los que impusieron las normas. Tengo que confirmar, que me repatea esta definición. Tengo tres gatos. Dos de ellos son hembras, y uno es macho. Negrita, princesa y conejo. En realidad, aún no les he puesto nombre. Tengo que buscar un nombre que los englobe a todos. Y lo más curioso, es que a ellos les importa una mierda como les llame, ya que no entienden mis palabras, aunque sí, las reconozcan. Lo que viene a decir: que el problema me lo causo yo, al no saber cómo llamarles en conjunto).  

 

En la actualidad, esto ha cambiado. Puedes divorciarte. Aunque la sensación de fracaso, no te la quitas de encima. Sensación; no por el hecho de divorciarte de una persona con la que no compartes nada. Es la sensación de haber perdido un tiempo precioso de tu vida, con una persona con la que en realidad compartiste más bien poco, y con la que luchaste demasiado, para no ser adsorbido o, el efecto contrario.  

Las relaciones de nuestros padres, sí que podríamos definirlas como: negación, ira y aceptación. No, porque terminaran queriendo o aceptando a la otra persona. Más bien; porque se les acabo el tiempo para buscar otro amor que fuera correspondido. Pensar así, es enormemente triste. Es más triste aún que pensar, que no vas a encontrar ese amor de vida, con el que poder acabar el recorrido de la misma.  

Como ya he dicho, encontrar ese amor verdadero, es terriblemente difícil. A veces lo sueles encontrar. Pero no es habitual.  

Entre otras razones; porque terminamos enamorándonos de lo ya visualizado: De nuestros padres. Puedes reírte si quieres; pero lo cierto, es que en lo primero que nos fijamos, es en el parentesco que puedan tener con ellos. Ya que ésta, es la primera visión que tenemos ante una relación. Puede influir mucho en la etapa de relación en la que se encuentren nuestros padres. Ya que estos, no son siempre los mismos. Ellos van cambiando, ya que tienen luchas externas e internas, que les cambian el carácter y su forma de ser.  

En los primeros enamoramientos, las niñas escogen a hombres que representan al macho “alfa”, ya que lo ven reflejado en el comportamiento del que hace gala su padre, y piensan que esto, es lo normal. Luego vienen los sustos: cuando al macho alfa, se le escapa la mano.  

Los hombres buscan mujeres sumisas: porque es lo que ven en sus madres. Mujeres que no piensen, que no opinen, y que hagan aquello que se espera de una mujer... (Estamos ablando de ese patriarcado del que tanto hablan las feministas)  

En mi infancia ligue y folle poco. Era un niño muy sensible, y las novias que llegue a tener, me dejaron por hombres más masculinos, de los cuales terminaron separándose cuando se dieron cuenta del error cometido. Y aun así, seguían buscando los mismos estereotipos de hombres.  

En mi juventud reinaba la idea de una mujer sumisa y al mismo tiempo que fuera guapa. Esa era la visión primera que se tiene. Si hubiera escogido la idea de una mujer activa resolutiva y de aspecto normal (todos los aspectos) … mi vida seguramente habría sido diferente. 

Con la edad, uno deja de ser solo huesos; se apunta al gimnasio, y empieza a atraer a mujeres que me ven como el estereotipo que representa sus padres. Pero tampoco funciona; ya que la sensibilidad, no desaparece levantando pesas. Al final, uno termina probando el sexo contrario... pero por desgracia, aunque el sexo es más desinhibido y placentero... nunca he sentido nada por un hombre. Entre otras razones, porque entre los hombres, prima más el sexo que el acercamiento emocional. Entiendo que soy bisexual, y miro desde la experiencia adquirida con las mujeres. Las cuales, no se abrían de piernas si no tenían un motivo por el que sacar beneficio. Ya que esas madres que creíamos sumisas, utilizaban su sexo como arma, para imponer sus criterios.  

La diferencia que he encontrado entre follar con hombres o con mujeres. Es que con los hombres no hay problemas para disfrutar. En cambio con las mujeres, no es algo que ocurra si detrás no hay algún tipo de interés.  Y esto, es lo que yo llamo: el matriarcado. Los hombres emplean la fuerza para dominar, y las mujeres emplean su sexo. 

¿A dónde nos lleva esto? A matrimonios fracasados que solo se mantienen por intereses. 

¿Vas haciéndote una idea de la clase de padres que has tenido? No solamente eres tú quien esta frustrado emocionalmente. Antes lo fueron tus padres, ya que esta frustración es hereditaria gracias a unos patrones impuestos que no tenían que ver nada con la realidad. Imagínate el sufrimiento por el que han pasado y están pasado, todos aquellos que no siguieron estos patrones, como son aquellos del colectivo LGTBIQ+ (creo no haberme olvidado de ninguno)  

Nuestra mierda emocional es heredada. La de nuestros padres es heredada, y así; ¡hasta el infinito y más allá! Como he dicho muchas veces, a las dictaduras les resulta más fácil controlar a las masas si todas tienen un mismo pensamiento. Pero el pensamiento no puede controlar las emociones. Y el ser humano, se compone de emociones.  

Conseguir que tus padres admitan que han echado a perder su vida gracias a seguir unos estereotipos que solo estaban en la cabeza del dictador de turno: es muy difícil. Tal vez lo hagan cuando ya no quede margen de maniobra y sepan que la muerte esta próxima a llegar. Es lo que suele suceder en aquellas personas que por fin le han visto las orejas al lobo, y ya les importa poco el recuerdo que tengan de ellos. Porque eso sí... nos pasamos la vida cuidando una imagen inventada que no tiene que ver nada con la realidad, para al final, darnos cuenta de todo el daño que nos hemos hecho, intentando aparentar lo que nunca fuimos. Ya que esa apariencia, también forma parte de la herencia recibida. Una herencia inagotable de sufrimiento, que no nos hace ningún bien.  

Cuando entendemos que nuestro recuerdo no es nada. Que el único recuerdo que vamos a dejar, es el que proyectamos en las personas más cercanas, aquellas a las que hemos hecho repetir nuestros errores, al ofrecerles una imagen que no es real de nuestras vidas. Entendemos que todo por cuanto hemos luchado se perderá en la memoria de los que hemos jodido la vida. Tal vez prevalezca en la de nuestros nietos, si no hemos sido muy hijos de puta con ellos. Pero lo que es con nuestros propios hijos....  

No somos importantes señores. Somos una puta mierda, como la mayoría de aquellos que han pasado por este planeta de necios.  

Esto me recuerda a un personaje que se jubiló en uno de los centros en los que yo trabajaba. Tenía tantas ganas de jubilarse como yo de que se jubilada. Y como suele ocurrir, al volver de visita al centro de trabajo en donde había perdido tantos años de su vida, se dio cuenta, de que su ausencia no había significado nada. Que sus luchas, sus ideas, sus traumas y toda clase de mierdas con las que vestimos nuestra estancia en los diferentes trabajos por los que hemos pasado, no fueron tan importantes como nos creímos. Su puesto lo ocupaba otra persona, y aquellos que compartieron tiempo con él, tenían mejores cosas que hacer, que estar charlando con él.  

¡Si!... te jubilaste... ¿Y ahora qué? porque donde realmente tenías que haber dejado huella, no era en un trabajo absurdo que te robo buena parte de tu vida. Donde tenías que haber dejado huella, es, en esa vida que dejaste de lado, para atender ese trabajo.  

El vacío en el que se encuentran muchas de las personas que terminan jubilándose de puestos de trabajo, a los que dedicaron buena parte de su vida... es asfixiante. Ya que no cuidaron esa otra vida, que es la que les queda al final. Pero sobre todo... porque se han olvidado de interactuar con un entorno que no tiene nada que ver con lo ya vivido.  

¿Cuáles son nuestras prioridades? Esta es una de las preguntas que deberíamos tener presente a lo largo de nuestra vida. Sobre todo, porque al igual que ocurre con algunos trabajos; nos creemos imprescindibles, sin darnos cuenta, que somos aceptados en ellos, por el hecho, de que formamos parte del trabado de otros. Lo que significa; que cuando ya no estemos, dejaremos de importar a todos aquellos que nos rodean.  

Me viene a la memoria aquel comercial que dejo su trabajo en busca de uno que le realizara más. Nos solemos engañar, haciéndonos creer que somos los mejores en lo nuestro. ¡Y sí! puede que seamos los mejores, lo que no somos: es imprescindibles. Y menos en un mercado laborar, como el actual, en donde la valía, es indiferente. Ya que rara vez, las empresas cuidan de sus mejores trabajadores.  

Esta persona termino suicidándose. Ese salto, en busca de una realización personal acorde con su valía, no fue el esperado. Intento volver a su vida anterior, pero ya no había un puesto para él. Entro en una depresión profunda, y terminó muriendo por dióxido de carbono en el interior de su coche. Mujer y dos hijos. 

No lo conocí. Conocí a su mujer. Una persona maravillosa que llevará ese trauma el resto de su vida.  

 

Los que añoran las dictaduras, deberían de saber, que las dictaduras no solo consisten en controlar a las masas para que así, estas hagan ricos a unos pocos. Las dictaduras lacran la vida de las personas durante muchas generaciones. Ya que cambiar, ciertos comportamientos, es algo que no se realiza ni en una vida, ni en dos. Sobre todo, porque es muy difícil encontrar a un alma libre al que poder imitar. 

Aquellos que en verdad triunfan en la vida, son aquellos que han conseguido separarse de la doctrina impuesta. Aquellos que han inventado su propia doctrina y que han sido capaces de sentirse realizados.  

La evolución de las especies de Charles Darwin es un claro ejemplo. Por mucho que insistan en controlar nuestra forma de pensar, nuestra forma de actuar, nuestra forma de ser. Es ser humano siempre sentirá el vacío que esas imposiciones ejercen sobre él. Intentará superarlas gracias a una lucha interior que puede llegar a devastarlo por dentro. Este tiempo de trasformación, no se suele conseguir en una sola vida, ya que va pasando de generación en generación, hasta llegar a ti.  

La porquería con la que vistieron a mis padres, me paso a mí, y de mí, paso a mis hijos. La diferencia está, en que mis padres carecían de una visión que les hiciera dudar sobre el sentido que estaban tomando sus vidas. Ya, que en aquellos tiempos, la dictadura era más férrea que en la actualidad. En mi llegada, esa dictadura se suavizo y gracias a internet, se consiguió que el problema que creíamos unipersonal fuera compartido con otros, dándonos la oportunidad de entender que el problema no estaba solo en nosotros, sino que eran muchos los que estaban pasando por lo mismo. Gracias a esto, nos dimos cuenta de la existencia de un virus emocional, que nos había sido implantado por generaciones, y que nos impedía tener una vida digna.  

Ahora toca deshacerse de toda esa herencia toxica que hemos ido acumulando para buscar así, lo que de verdad nos dé un sentido a la vida. Mi generación lo tiene muy difícil para salir de esa toxicidad. No tenemos la misma elasticidad emocional que teníamos de niños.  Nos hemos llenado de traumas, y a lo máximo que aspiramos, es a terminar muriendo con tranquilidad. La generación que viene ahora, es la que se va a llevar toda la lucha para conseguir el cambio. No va a ser nada fácil, y menos en las condiciones en las que les estamos dejando el mundo en el que vivimos.   

Mi generación tendría que morirse de la misma forma que lo están haciendo nuestros padres, para así, acelerar ese cambio. Somos la escoria de nuestros hijos. Ya que ni vivimos nosotros, ni les dejamos vivir a ellos. Y esto es algo que me traumatiza. Porque no tenemos derecho a joder la vida de los demás.  

 

En estos días, en mundo clerical de este pueblo, realizo una mini fiesta. Un grupo de jóvenes organizados por los curas de turno, movilizo a un centenar de jóvenes para realizar una comida popular, junto con un concierto de música, con el que alabar a ese Dios ausente que llena los bolsillos de estos iluminados. La mayoría de los chavales representaban la imagen de esa dictadura emocional que nos ha sido impuesta. Chavales que no rozarían los 18 años, deseosos de ser parte activa de la sociedad para hacer el bien, y que han sido captados por esta secta.  

Jóvenes atraídos por la tradición familiar, en donde cantar en el coro, reunirse con gente de tu edad (en un territorio que cada día se transforma más en un erial) les saca de su ostracismo y les hace sentirse parte de algo.  

Tengo que reconocer que solo estuve dos minutos. Más que suficiente para darme cuenta de que las mismas extorsiones emocionales que ya he vivido, siguen funcionando para algunos; aunque cada vez menos.  

Llegue justo en el momento en el que terminaba una canción en donde relamían las pelotas de ese supuesto Dios o Jesús, para dar paso al testimonio de una persona (Desconozco quien era), que en unos segundos evoco todas las tácticas con las que adoctrinar a su plebe.  

No yo creía en dios. Yo no fui bautizado. En mi casa nadie creía en Dios. Yo tuve un cáncer.... pero encontré en Dios mi salvación etc. 

Me recordó a las charlas de Herbalife que tenía que aguantar por trabajar en un hotel que les alquilaban las salas a estos iluminados. A cada chorrada que decía el locutor de la tragedia, un pequeño grupo de pandereteros, le hacían los coros, para que así, los nuevos a los que querían captar, se sumaran a la alegría general.  

Fue un poco decepcionante. Creía que habrían contratado a un grupo de música con el que amenizar una noche calurosa para todo el pueblo. Pero ¡nop! 

Ni siquiera me moleste en preguntar o averiguar a que secta clerical pertenecían. No tuvieron mucho éxito con la gente del pueblo por lo que pude ver... pero bueno... en dos minutos o menos que pasé por allí, tampoco quise enterarme de más.  

Todos esos jóvenes, maduraran, crecerán, y se enfrentaran con la vida. Un 2% de ellos, pasara a formar parte de la secta. Un 10% del mismo, formara parte de ese grupo cada vez menor que ocupa las iglesias cada domingo. Y el resto, tal vez lo recuerden con cariño, y otros, ni siquiera lo recuerden.  

Pero el 80% de ellos, sufrirán la herencia de sus padres. Ya que entiendo, que fueron sus padres los que los animaron a pertenecer a este grupo.  Lo que viene a ser; aquello que escribí al principio, sobre buscar parejas que se asemejen a nuestros padres.  

Como ya he dicho anteriormente. Mi madre era una fanática religiosa. Su madre, veía a Jesús entre las flores del jardín. (Era una hija de puta de mucho cuidado, con aquellos que le llevaran la contraria sobre sus creencias. Algún día contare la historia de esta iluminada) Mi tío siendo cura, murió de un cáncer agresivo que se lo llevo en poco tiempo. En ningún momento de su tragedia se le apareció ningún Dios ni nada que no fuera el dolor al que tenía que hacer frente con morfina.  

Buena parte de la herencia toxica que dejaron mis padres a sus hijos, se debía a esta gilipollez por querer perdurar unas doctrinas que imponían unos pensamientos que solo causaban dolor a los afectados.  

Parte de mis traumas emocionales, se deben a este tipo de educación que nunca sirvió para nada. Como he dicho muchas veces, la gente que de verdad es buena, no lleva alzacuellos. En cambio, todos aquellos que llevan continuamente a Dios en la boca, son de los que más te tienes que cuidar. Ya que todas las guerras y tragedias se hacen en nombre de ese Dios.  

¡Sí! llevo cuatro años aquí. Me resulta imposible aceptar todo cuanto me ha sucedido. Todo por lo que he pasado. La supervivencia de la propia mente, ha hecho posible que apenas recuerde nada de mis peores momentos aquí. Y de cierta forma se agradece. Cuatro años tirados a la basura gracias a la enfermedad mental de otros. Es imposible de perdonar. Como he dicho en anteriores ocasiones: necesitamos entender el porqué de lo sucedido. Otra cosa distinta es olvidarlo o perdonarlo. Las maldades no se pueden olvidar, ni mucho menos perdonar. Todo se tiene que pagar de una u otra manera. Si llegara el caso de que terminara quitándome la vida, dejare escrito los nombres de las personas que me han llevado a tomar semejante decisión. Nadie se puede ir de este mundo de “rositas”. Aunque no les importe, como tampoco me importara a mi cuando ya esté muerto. Pero es necesario y obligado, sacar a los culpables del anonimato, para que no lo vuelvan a hacer con otras personas.  

La vida no deja de ser una puta broma macabra que apenas ayuda. Seis meses llevo a la espera de comenzar de nuevo. Es profundamente irónico. Ya que cuando por fin tienes lo que necesitas, te falta lo que te sobraba cuando no lo tenías. Seis meses más de sufrimiento.... Seis meses....  

¿Se supone que tengo que creer en Dios para que él me salve? ¿El mismo dios que permite el genocidio de Israel, o la muerte de 228 personas en la Dana de Valencia? ¿No somos un poquito egocéntricos por creer que ese Dios, solo va a cuidándonos a nosotros por simplemente, rezarle unos rosarios y otros tantos avemarías? Nos va a curar un cáncer, cuando cada día mueren cientos de personas que son mejores que nosotros, por distintas enfermedades. ¿En serio te crees que por lamerle las pelotas a ese Dios y aumentar las arcas de quienes viven de él, tu vida va a ser mejor que la del resto de personas?  

Las residencias, están llenas de creyentes a los que no va a visitar nadie. Y seguramente, sea por culpa de esa herencia recibida que condeno a sus hijos.  

En la entrada anterior comente, que probablemente superaríamos ampliamente los 45 grados. Ayer sábado, llegamos a los 46. Récord absoluto de temperatura. El problema no es este. El problema es que estamos en junio. El mar se está calentando muy por encima de lo que se considera peligroso, y aún nos quedan dos meses más de calor tórrido. Sudamérica ya ha probado este año, las inclemencias de este cambio climático. Y esto no se va a quedar así... va a continuar acelerándose cada vez más, puesto que la bola de nieve ya está cogiendo fuerza. Al que le guste mirar las hormigas, se dará cuenta de que están agresivas y mucho más activas, aun a pesar del calor que hace. Y este, tampoco es un buen síntoma. Los únicos que parecen no darse cuenta, son los que tienen en sus manos, el poder para intentar paliar estos cambios.  

Como ya comenté... no se si marcharme ya, o entretenerme con el festival que el planeta nos tiene preparado.  

Acte un favor a ti mismo. Intenta no joder a los demás. Deja que cada uno elija su vida y sus pensamientos. Castiga y señala a los culpables, he intenta vivir conforme a lo que sientes sin obligar a otros a seguirte. No es difícil, y ganamos todos. 








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